Víctor Hugo Ortega

Víctor Hugo Ortega: “La literatura es una pasión verdadera”

Muchas personas sueñan, desde pequeños, con alcanzar una meta o desarrollar una pasión. El típico sueño de los niños es ser astronauta, bombero o doctor. Si bien, muchos sueños quedan postergados, Víctor Hugo Ortega puede decir con toda convicción que logró ser el “astronauta” de Malloco.

No, no trabaja en la NASA ni mucho menos, pero su pasión por la literatura y las letras son comparables a este anhelo que suelen describir los niños. Desde que tiene memoria, Víctor Hugo alucinaba con las historias, los relatos de sus vecinos, los cuentos que se oían en su Malloco natal y el resultado de toda esta pasión fue convertirse en el escritor que siempre quiso ser.

Periodista de profesión, su objetivo siempre fue publicar una de sus obras. Consultó a las editoras, recibió críticas por su estilo y, además, el negocio de la literatura no parecía rentable para los autores recién salidos del cascarón.

Parecía ser un escenario adverso para Víctor Hugo, pero no quiso retroceder ni tampoco estaba en sus planes dedicarse a un trabajo de oficina. No lo pensó dos veces y se decidió por la literatura independiente, ser su propia editorial, desde la escritura, edición, publicación, distribución hasta el marketing.

Ha sido difícil todo este proceso, pero Víctor Hugo no se ha detenido. Sus obras “Al Pacino estuvo en Malloco” (2012), “Elogio del Maracanazo” (2013), “Relatos Huachos” (2015) y “Las canciones que mi madre me enseñó” (2016), son la patente muestra de que todo es posible si se realiza con pasión y perseverancia.

Hablamos de literatura, cine, docencia y mucho más con Víctor Hugo Ortega, un apasionado de las letras y, sobre todo, de esas historias que tanto y que ahora se ha convertido en un creador nato de relatos impresos en papel.

– ¿Cómo nació el interés por el periodismo y, principalmente, por la literatura?

Creo que nació de niño, me gustaban mucho las historias, escucharlas y contarlas, me gustaba la televisión, y tenía un aprecio por los libros que tenía algo de especial, me gustaba leer libros, pero también me gustaban como objetos. Me gustaba mucho el fútbol por lo que leía y seguía mucho lo que pasaba con este deporte a través de la radio, las revistas especializadas y la TV. Entrando en la adolescencia ya fui siendo consciente del hecho de lo que me pasaba con contar historias, me repetía libros y películas, y en algún momento empecé a escribir.

– ¿Siempre tuvo esta inquietud artística? ¿Cómo recuerda sus años de niñez y adolescencia?

Ahora que hago el ejercicio de mirar atrás pienso que sí, siempre la tuve. Me gustaba escuchar las historias que me contaba mi mamá, amigos y vecinos. Soy de un pueblo chico, en donde uno escucha muchas cosas de un lado y otro. Vivir en un pueblo también me hizo disfrutar mucho la niñez, las típicas travesuras, idas a una cancha de fútbol con todo lo que eso conlleva, y tratar de evitar el aburrimiento con idas en bicicleta, salidas a la plaza, subirse a los árboles, saltar los canales de regadío, etc. Después de adolescente, uno empieza a ampliar su diámetro de salidas, las plazas por ejemplo, que en la época de verano eran todo un panorama con actividades, música, festivales, etc. Fueron buenos años.

– Por lo general, las personas que se interesan por escribir libros optan primero por buscar una editorial que les dé el apoyo que necesitan. Sin embargo, usted no hizo esto y además, está a cargo de todo el proceso de creación del libro, desde la escritura hasta la difusión ¿Por qué optó por este camino? ¿Cómo definiría la actual industria de la literatura chilena?

Sencillamente porque me gusta mucho escribir y editar, y entrar en el proceso de una editorial trae una burocracia que no me agrada en la actualidad, y que te frena mucho en cuanto a la creatividad. Con mi primer libro fui cuestionado por ciertas decisiones en el uso del lenguaje y otras decisiones que tienen que ver con el estilo, cuando quise postular a algunas editoriales. Fui porfiado y quise seguir adelante solo. Resultó bien y después repliqué el modelo en todos los libros. Sistematicé un modelo de trabajo que me ha dado buenos resultados. No descarto publicar con una editorial en el futuro, pero ahora estoy cómodo haciéndolo de forma independiente.

– ¿Qué dificultades debe enfrentar un escritor independiente en Chile?

¡Todas! (risas) Pero es entretenido. La principal tiene que ver con la difusión. A veces te pelotean mucho en algunos medios periodísticos para colaborar con la difusión, sobre todos los medios grandes. Pero creo que hay que insistir y mostrar seriedad y perseverancia, y al cabo de un tiempo, la tarea se va haciendo un poco más fácil. Sólo un poco, porque la verdad es que pienso que cada vez los medios de circulación nacional pescan menos a un autor, no sólo independiente. Por suerte, hay sitios web de nicho y programas de radio, que siempre se interesan por los libros, sin importar de qué editorial vienen.

-¿Qué representa para usted sus obras “Al Pacino estuvo en Malloco” (2012), “Elogio del Maracanazo” (2013) y “Relatos Huachos” (2015)? ¿Cómo fue el proceso creativo de cada una de estas obras?

Representan mucho: experiencia literaria, experiencia de vida, encuentro con familiares, amigos y desconocidos, encuentros con personas dedicadas a la literatura, viajes, libros, música, todo. Le debo mucho a mis libros.

– Hace algunos años perdió a su madre, lo cual motivó la escritura de su última obra “Las canciones que mi madre me enseñó” ¿Cómo fue el proceso de escritura de este libro tan personal?

Fue un proceso que pasó por muchos sentimientos, alegría, pena, nostalgia, porque me hizo recordar muchos episodios vividos con mi vida. También fue un experimento, porque me hizo ponerme en los pies de mi madre y de todas las madres, para ver cómo reaccionarían en una situación determinada, llevando esa experiencia personal a la experiencia de la ficción. Es mi libro más personal, pero también creo que el más universal. La figura de la madre y el hijo es extensiva a todas partes.

– ¿Cómo definiría el proceso de escritura en su vida profesional y personal?

Lo definiría como una performance. Creo que lo más entretenido es el proceso previo a la escritura, ese donde uno anda por la calle caminando con la mente puesta en lo que va a escribir cuando llega a su casa, y muchas veces hay que insertarse en situaciones para conocerlas y pensarlas con el afán de convertirlas en ficción. Es un trabajo de investigación similar a lo que hacen los actores para un personaje. Después viene la parte más sistemática que es la escritura, en la que hay que ponerse el objetivo de avanzar todos los días o lo más que se pueda dentro de los tiempos que uno ha definido para su escritura. Por último está la edición, que es pura disciplina, rigurosidad y paciencia. Después viene la difusión, que vuelve a ser una performance, tal como la etapa previa a la escritura.

-Además de la literatura, también es un cinéfilo y ha hecho clases sobre películas emblemáticas de la historia del cine ¿Qué es lo que más le apasiona del séptimo arte? ¿Ha considerado una carrera en el cine?

Del cine me gusta todo. Soy un cinéfilo de raza. Es el mismo punto de partida que con la literatura, me gustan las historias, y por supuesto, que me las cuenten. Las primeras historias de gran escala a las que uno acude en su vida, son las películas. Ver un pedazo de una historia, que bien podría ser la de uno, o apropiarse de una ajena, en una gran pantalla, es un goce para mí. Antes de ser escritor quería ser cineasta, pero nunca se me dio fácil ese intento, por lo que me quedé en la literatura. Ahora ha habido interés de algunos amigos por llevar a cortometraje alguno de mis cuentos, cosa que no se ha concretado por ahora, pero espero que resulte algún día.

-Actualmente está enfocado en su último libro ¿Qué proyectos tiene en mente después de “Las canciones que mi madre me enseñó”?

Por ahora, nada concreto. Tenía una idea que me daba vueltas pero no ha tenido la respuesta necesaria para dar el paso a la concreción. Estoy leyendo harto y viendo películas, disfrutando un rato desde la otra vereda.

– Todos tenemos un motivo o una pasión que nos mantiene vivos o esperanzados ¿Qué es lo que más le quita el sueño? ¿Cuál es su verdadera pasión?

La literatura es una pasión verdadera. Me gustaría seguir escribiendo y seguir construyendo un público de mis libros. Me gustaría también seguir haciendo talleres literarios y llegar a tener una librería en algún momento, de esas atendidas por su propio dueño.

– También es un fanático del fútbol ¿Cómo puede relacionar el fútbol, la literatura y el cine? ¿Son seres compatibles?

Creo que sí son compatibles. Al menos para mí, las tres representan una pasión. Me despiertan curiosidad, goce y me provocan el encuentro y el diálogo con los otros.

-¿Cómo le gustaría que lo recordarán sus amigos, colegas, alumnos…?

Pregunta difícil. Pienso que como un hombre leal. Y los estudiantes, como un tipo del que aprendieron algo positivo en sus formaciones.

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Autor de la entrada: chileno

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