La doctora en arte Stéphany Onfray ha lanzado su innovador libro «Retratadas: fotografía, género y modernidad en el siglo XIX español», donde explora las estrategias utilizadas por las mujeres retratadas en la fotografía del siglo XIX. A pesar de que las mujeres han sido los sujetos principales del retrato fotográfico desde sus inicios, su contribución como creadoras ha sido históricamente subestimada. Onfray se propone revertir esta percepción, reivindicando el papel activo de las retratadas y su capacidad de agencia frente al objetivo, un hilo conductor que sostiene la argumentación de su ensayo.
La tesis de Onfray se divide en dos partes: una experiencia se centra en las fotógrafas, mientras que la otra otorga un espacio específico a las mujeres que fueron retratadas. «Me parecía justo darle una habitación propia a cada una», afirma Onfray. Desde 2015, ha investigado cómo estas mujeres no solo fueron objeto de retratos, sino que transformaron la práctica fotográfica de un instrumento de control político y moral en un espacio de libertad y autoexpresión, contribuyendo así a llenar un vacío historiográfico en la investigación sobre fotografía.
El libro realiza un detallado análisis de la segunda mitad del siglo XIX y los inicios del XX, situando a las mujeres en un contexto social que creía en la fotografía como un registro «objetivo» de la realidad. Sin embargo, Onfray señala que las mujeres tenían un papel sustancial en la toma de decisiones durante las sesiones fotográficas, desafiando el mito de que eran meras modelos. En los estudios fotográficos, estas mujeres ejercieron un poder sobre su imagen que en muchas ocasiones se tradujo en una forma de creación artística.
Según Onfray, la fotografía, a diferencia de otras disciplinas artísticas, experimentó una masiva expansión que permitió democratizar el acceso al medio. Este fenómeno propició la aparición de un espacio sin precedentes para la expresión femenina, inicialmente ligado a prácticas sociales como la confección de tarjetas de visita y álbumes fotográficos. El ensayo revela cómo esta democratización amplificó las voces de las mujeres, otorgándoles un espacio propio donde podían negociar su imagen y representación.
El libro también pone de relieve problemas contemporáneos, como la dinámica entre fotógrafo y modelo, que anticipa la obsesión actual por el autorretrato o selfie. Un caso emblemático es el de la condesa de Castiglione, quien tuvo un control meticuloso de su representación en fotografía. Al igual que muchas mujeres de su clase, comenzó a utilizar los estudios fotográficos como un medio de autoafirmación. A lo largo del ensayo, se presentan figuras de diversos estratos sociales, ilustrando cómo la fotografía no solo fue un fenómeno artístico, sino también una herramienta de empoderamiento en un contexto donde sus cuerpos eran a menudo instrumentalizados.










