El renombrado director belga Jan Lauwers, uno de los titanes del teatro europeo, ha presentado su última obra, *Un sublime error*, en colaboración con el talentoso actor hispano Gonzalo Cunill. Este estreno se perfila como una mezcla cautivadora entre el virtuosismo actoral y la inconfundible propuesta escénica de Lauwers. En esta pieza, el propio Gonzalo Cunill encarna la voz de un muerto que reflexiona sobre su vida en un contexto que evoca la resonancia de un velorio. A través de esta experiencia teatral, el público es invitado a sumergirse en las inquietudes existenciales que transitan entre la vida y la muerte, ofreciendo un vistazo a la evolución de un artista que, a sus casi 70 años, ha volcado sus reflexiones en un trabajo que es un verdadero testamento artístico y vital.
Al ingresar al escenario, los espectadores se ven inmediatamente atraídos por una intrigante instalación de vidrios dispuestos de forma delicada sobre una mesa. Esta construcción, de fuerte simbolismo, remite a la obra de contenido conceptual que Lauwers realizó en 1994, titulada *El bigote de Duchamp*. A partir de la noción de «ready-made» de Duchamp, estos fragmentos de vidrio se convierten en una metáfora del dilema central de *Un sublime error*: la búsqueda de sentido en la vida. La obra plantea cuestiones fundamentales acerca de nuestra existencia, los deseos que nos mueven y el rol del arte en este viaje incierto. Así, la obra funge como un espejo que refleja los anhelos y conflictos humanos que se entrelazan con la narrativa de un individuo que aprende a vivir entre las sombras y la luz.
En este viaje de autodescubrimiento, Cunill da voz a los amores de su personaje, creando un triángulo emocional que enmarca su experiencia de vida. Alex, el pensador crítico, y Christine, la voz de la razón, se vuelven los pilares de una historia donde el amor intenta desmantelar los límites impuestos por la convencionalidad. A través de sus palabras, el público se adentra en las reflexiones de dos figuras que representan diferentes facetas del ser humano. Sin embargo, el relato también revela los fracasos y la lucha por dar sentido a la existencia, el contraste entre el deseo de vida y la nostalgia de lo perdido. Este conflicto interno generado por la narrativa de Lauwers se convierte en un espacio donde los anhelos y las desilusiones coexisten, transgrediendo los límites del teatro en una reflexión filosófica profunda.
La complejidad de *Un sublime error* radica en su juxtaposición de realidades y su capacidad de desmantelar ilusiones. A medida que se despliega la historia, el protagonista se convierte en el portavoz de una generación que anhela un cambio profundo en su realidad. Cunill, en su interpretación, no solo plasma un texto rico en matices, sino que lo transforma en una experiencia sensorial que invita a cuestionar la interacción entre vida y arte. La obra se cierra con la provocativa sensación de un estoicismo que abraza el asombro ante la belleza del mundo, dejando al espectador a la deriva entre el deseo insatisfecho y un refugio contemplativo.
La trayectoria actoral de Gonzalo Cunill, quien ha trabajado con gigantes del teatro como Jan Fabre y que se ha consolidado dentro de la compañía Needcompany de Lauwers, se traduce en una interpretación vibrante y auténtica. Su habilidad para encarnar cada palabra y cada momento es notable, convirtiendo la actuación en una experiencia visceral sin igual. Al igual que en su anterior trabajo *Molly Bloom*, donde reinterpretó Joyce, Cunill logra elevar el texto de Lauwers a un nivel donde la palabra cobra vida. *Un sublime error* comienza a acercarse a la maestría de la escena contemporánea, y su formato unipersonal, que fusiona la poética visual con actuaciones memorables, sienta un precedente en el panorama teatral actual, reafirmando el arte como vehículo de reflexión y liberación.









