Una nueva exposición en el Museo del Romanticismo, titulada «Cosas tenidas por pequeñeces», abre un diálogo fascinante entre el arte textil y la intimidad femenina del siglo XIX. A partir del 30 de mayo hasta el 21 de septiembre, esta muestra busca rescatar del olvido esos pequeños objetos del hogar, como casas de muñecas y trabajos textiles, que han sido desestimados por la historiografía oficial. Con el lema de «Memoria, tejidos, museos», el proyecto curatorial de Selina Blasco y Patricia Molins, apoyado por Las Hijas de Felipe, pretende dar voz a esos detalles cotidianos que formaron parte integral de la vida diaria de las mujeres de la época, revelando su importancia en la construcción de espacios de refugio emocional y autonomía personal.
A diferencia de la organización clásica de museos en España, que se han centrado en colecciones aristocráticas y han dejado poco espacio para las experiencias femeninas, esta exposición propone un enfoque innovador al destacar el textil como forma de expresión artística y de resistencia. Las piezas en exhibición, desde un Tresillo de 1890 hasta delicados textiles, son acompañadas de relatos que contextualizan su significado en el marco literario del siglo XIX, gracias a la colaboración de Las Hijas de Felipe, quienes han incluido lecturas de obras literarias contemporáneas que conectan con el universo de las piezas. Este diálogo literario-textil no solo enriquece la experiencia museográfica, sino que también subraya la importancia de las actividades domésticas como manifestaciones culturales esenciales.
Además de la narrativa estética, estructuras temáticas como Devoción y lo lúdico, en la segunda parte de la exposición, ofrecen un espacio meditativo que invita a los visitantes a reflexionar sobre la experiencia de ser mujer durante el siglo XIX. Las piezas exhibidas, muchas de las cuales son obras incompletas, evocan una profunda conexión con el tiempo y el esfuerzo invertido. Como menciona Ana Garriga, estas obras no concluidas simbolizan “la sensación de pérdida: del tiempo, del hilo, y de todo lo que encapsulaban esas horas dedicadas a las labores”, lo que acerca al público a la realidad de las mujeres que, a través de estas pequeñas acciones, construyeron un refugio emocional en sus hogares.
La exposición también plantea preguntas sobre la relación entre el espacio doméstico y la identidad cultural en un contexto de inestabilidad, tanto social como política. Según Patricia Molins, el siglo XIX en España fue un periodo en el que la burguesía, enfrentándose a dificultades económicas, buscó consuelo en lo íntimo. Esta búsqueda de refugio se manifiesta a través de los objetos expuestos, que cuentan historias de unión, afecto y resiliencia, convirtiendo la casa en un santuario de la vida cotidiana. En este sentido, las obras textilizadas en la muestra se presentan no solo como artefactos visuales, sino como ecos de las vivencias y luchas de las mujeres de aquella época.
Finalmente, esta muestra logra un diálogo intertemporal al enfrentar piezas históricas con obras contemporáneas, como la Magdalena Penitente de Lucía Amor, donde la tradición textil se encuentra con técnicas modernas de bordado. Esta yuxtaposición no solo rinde homenaje a la historia del trabajo textil femenino, sino que también subraya su continuidad como forma de expresión artística. La exposición «Cosas tenidas por pequeñeces» se convierte así en un manifiesto que celebra la creatividad femenina y busca rescatar las memorias que se ocultan en las «pequeñeces» cotidianas, ofreciendo una nueva lectura del pasado que resuena con el presente.










