Superficies No Productivas: La Realidad Agrícola en Chile

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Un reciente informe de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa) ha revelado que durante el periodo 2020-2021, un total de 705.906 hectáreas de terrenos productivos en Chile no fueron utilizados para la agricultura. Esta cifra representa cerca del 26% de la superficie destinada a usos agropecuarios y pone de manifiesto las serias dificultades que diversas zonas del país enfrentan para mantener activo su potencial agrícola. El análisis, basado en los datos del Censo Agropecuario y Forestal 2021, destaca que esta realidad se agrava en un contexto de creciente presión climática y escasez de recursos, lo que hace aún más urgente la necesidad de abordar esta problemática.

Las razones detrás de la inactividad de estas hectáreas no son un fenómeno aislado, sino que responden a una combinación de factores territoriales, económicos y climáticos. Mariana Yilales, bióloga e investigadora del proyecto Anillo NEXO, explica que la falta de agua es uno de los principales motivos que impiden la producción agrícola, especialmente en la zona norte del país, donde la sequía ha tenido un impacto devastador. En el sur, en cambio, se presentan obstáculos económicos que afectan a los pequeños y medianos agricultores, quienes luchan para mantenerse a flote en un entorno adverso.

El análisis de Odepa describe que las mayores superficies de terreno no trabajadas se concentran en las regiones del Biobío, La Araucanía y Maule. Sin embargo, cuando se dote de una nueva perspectiva, el panorama cambia significativamente: en Magallanes, por ejemplo, el 71% de los terrenos agropecuarios permanece sin actividad. Esta disparidad subraya la complejidad del problema, que es diferente en cada región y se ve influenciado por las condiciones particulares de cada área. Así, se hace evidente que no existe una única solución que se pueda aplicar a nivel nacional.

Otro aspecto relevante que menciona Yilales es la importancia de la infraestructura hídrica y el acceso a agua. La situación de los derechos de uso de agua en zonas como La Ligua y Petorca ha contribuido a crear un entorno complicado para los agricultores que dependen de estos recursos. A esto se une el hecho de que las tierras abandonadas son difíciles de recuperar. La literatura técnica internacional señala que reactivar la producción en terrenos que han estado inactivos suele ser un proceso largo y complejo, con tasas de reincorporación bastante bajas.

Finalmente, el desafío no se limita solamente a recuperar las hectáreas inactivas. También es crucial implementar estrategias para prevenir que más superficies dejen de ser trabajadas. La experta subraya que, para lograr un manejo eficiente y sostenible de los recursos, es esencial un cambio en las prácticas agrícolas y una respuesta coordinada frente al cambio climático. La recuperación de entre el 10% y el 15% de estas áreas es posible bajo condiciones climáticas favorables y mejoras en infraestructura, pero se requiere un esfuerzo conjunto y comprometido para revertir la tendencia y garantizar la seguridad alimentaria en el país.