Ivette Vergara, reconocida periodista y animadora chilena, ha hecho uso de su voz pública para referirse a la controvertida situación que protagonizó el fin de semana, tras ser detenida por Carabineros por conducir a 161 km/h en la Costanera Norte. Este hecho, ocurrido el domingo 16 de agosto, superó en 61 km/h el límite establecido para la vía, lo que motivó la intervención de las autoridades. Tras su detención y la posterior formalización ante el Cuarto Juzgado de Garantía de Santiago, se tomó la decisión de permitirle a Vergara mantener su licencia de conducir, mientras se fijó una nueva audiencia para el 26 de octubre de 2026 para discutir posibles alternativas legales en su caso.
Al salir del tribunal, Vergara no dudó en expresar su frustración por la atención mediática que ha recibido desde el incidente. Ante la prensa, la animadora enfatizó: «Yo no he matado a nadie, no he atropellado a nadie». Estas declaraciones fueron su intento de minimizar la gravedad del hecho al compararlo con situaciones más serias que involucran a otros conductores en la misma autopista. Vergara, quien también es esposa del comentarista deportivo Fernando Solabarrieta, subrayó que desea ser tratada con respeto, pese a reconocer que debe asumir las consecuencias de sus acciones.
La periodista también defendió su posición al argumentar que muchos conductores superan los límites de velocidad en la Costanera Norte. «Cualquiera de ustedes que me diga que no ha andado en la Costanera Norte a más de 100 kilómetros por hora» fue su retórica al confrontar a los cuestionadores de su comportamiento. Esta comparación se convierte en un punto clave en su defensa, donde intenta aliviar la crítica pública señalando una supuesta hipocresía en la percepción de otros infractores de tráfico.
A pesar de su defensa, Vergara no eludió la responsabilidad. En sus declaraciones, insistió en que comprende la magnitud de su acto y que no se exime de la responsabilidad legal que conlleva el haber excedido la velocidad permitida. Su declaración parece intentar apelar a un balance entre su culpa y la manera desproporcionada en que se ha cubierto el caso en los medios. «Por favor, tengamos un poquito de respeto», concluyó la comunicadora, marcando el deseo de que su situación no sea vista de forma tan extrema.
La gran atención mediática que ha recibido el caso de Ivette Vergara también resalta un fenómeno más amplio sobre la cobertura de escándalos relacionados con figuras públicas. La forma en que los medios abordan estos incidentes puede generar un debate sobre la ética en el periodismo y la posibilidad de un juicio público desproporcionado. Este episodio podría dar pie a reflexiones sobre la presión que enfrentan los personajes del espectáculo en torno a su vida personal y profesional, así como sobre la responsabilidad que conlleva ser un modelo a seguir en la sociedad.










