Lenguas Minorizadas: El Nuevo Ensayo de Mario Obrero

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Mario Obrero, un joven getafense nacido en 2003, se lanza al mundo literario con su obra «Con e de curcuspín», un ensayo poético que amalgama su pasión por la diversidad lingüística y la necesidad de rescatar voces minoritarias. En un contexto donde la palabra ‘libertad’ puede caer en manos de figuras controvertidas como Isabel Díaz Ayuso, Obrero nos recuerda que quienes escriben los diccionarios tienen un poder inmenso sobre la percepción y el valor de las lenguas. En esta obra, reivindica la importancia de cada lengua como organismo vivo, cuya existencia es fundamental para construir una sociedad plural y consciente de su riqueza cultural. La poesía, en su visión, se convierte en la herramienta de resistencia que permite visibilizar aquellas lenguas que han sido sistemáticamente silenciadas por discursos hegemónicos.

El poeta explorador se mueve entre dialectos y acentos, creando un bosque de idiomas donde cada curcuspín representa una púa de resistencia ante el olvido. Su trabajo no solo es un homenaje a estas voces; es un llamado urgente a la construcción de una comunidad donde cada expresión lingüística, por pequeña que sea, sea reconocida, valorada y respetada. A través de su lucha, Obrero desafía la noción de que solo hay un camino hacia la comunicación y abre la puerta a múltiples realidades, proponiendo que el diálogo entre diferentes lenguas puede enriquecer nuestras vidas en lugar de dividirnos.

En el contexto político actual, especialmente en regiones como la Comunidad Valenciana, se dibuja un panorama adverso para la convivencia lingüística. La reciente consulta promovida por el Gobierno de Mazón busca cuestionar el estatus del valenciano como asignatura obligatoria, levantando preocupaciones sobre la ignorancia y el desprecio hacia las lenguas propias. Obrero critica severamente esta postura, argumentando que resulta peligroso disfrazar de democracia la eliminación de una lengua que forma parte del patrimonio cultural. La necesidad de aprender y respetar la lengua de cada uno de los territorios es, para él, fundamental en la construcción de una sociedad cohesionada y verdaderamente democrática.

La obra del joven escritor denuncia la percepción errónea que tienen muchos jóvenes respecto a la relevancia de las lenguas minorizadas. Obrero señala que es anómalo que en su entorno, donde la diversidad lingüística es rica, no haya un mayor interés por aprender y hablar lenguas como el galego o el valenciano. La extirpación de estas capacidades del sistema educativo es, a su juicio, una forma de alienación cultural que aleja a las nuevas generaciones de su patrimonio lingüístico. A través de sus escritos, el autor insta a que, si realmente se busca una unidad nacional, se fomente el aprendizaje de todas las lenguas del Estado, comenzando por el euskera en las aulas.

Finalmente, Mario Obrero invita a adoptar una perspectiva abierta y celebratoria hacia lo extranjero, lo que podría considerarse como un ejercicio poético de resistencia contra las dinámicas de poder que buscan homogeneizar la cultura. En su obra, sostiene que renunciar a lo “otro” es una forma de deforestación que anula la existencia de diversas identidades. Escuchar y aprender de lo que nos rodea se convierte así en un acto liberador. Para volver a habitar y celebrar la pluralidad lingüística, Obrero propone un cambio profundo desde la base: reconocer y valorar cada lengua como un país dentro de un país, creando así un futuro donde todas las voces tengan un espacio digno.