La película ‘Sorda’ ha sorprendido a crítica y público en festivales como la Berlinale y el Festival de Málaga, destacándose no solo por su calidad cinematográfica, sino también por la potente historia que narra. Este filme dirigido por Eva Libertad aborda la maternidad de manera innovadora, centrándose en la vida de Ángela, una mujer sorda interpretada por Miriam Garlo, quien se enfrenta a la llegada de su hija en un mundo que no contempla las necesidades de las personas con discapacidad auditiva. La originalidad de los diálogos en lengua de signos, subtitulados para el público, añade una capa de profundidad que resuena con la audiencia y fomenta la reflexión sobre la inclusión en la sociedad.
El contexto de la película no podría ser más relevante, especialmente en un momento en que las políticas gubernamentales se están alineando con la necesidad de inclusión social. Desde enero de 2022, una nueva orden ministerial establece que los servicios públicos deben contar con traducción a la lengua de signos, haciendo accesibles las comunicaciones a las personas sordas y con discapacidad auditiva. Este cambio es fundamental en la lucha por los derechos de las personas con discapacidad, y ‘Sorda’ se convierte en un ejemplo de cómo el cine puede ser un vehículo para visibilizar estas necesidades en la sociedad contemporánea.
La historia personal de Miriam Garlo añade dimensión al filme. A pesar de haber sido oyente hasta los siete años, la pérdida de su audición significó un proceso de adaptación que la llevó a explorar su identidad como persona sorda. Su encuentro con la lengua de signos a los 30 años fue transformador, describiéndolo como el inicio de su ‘segunda vida’. Garlo ha expresado que antes de aprender lengua de signos su vida era en blanco y negro, y que esta nueva forma de comunicarse le permitió descubrir un espectro de colores emocionales y sociales que antes le eran inaccesibles.
La divulgación de la lengua de signos es un tema candente, y Miriam Garlo no duda en abogar por su enseñanza en las escuelas. Considera que sería un avance crucial no solo para las personas sordas, sino para todos los estudiantes, pues aprender lengua de signos podría incrementar la plasticidad cerebral y el pensamiento abstracto en los niños. Además, la educación en lengua de signos podría contribuir a la creación de un ambiente más inclusivo y comprensivo desde la infancia, desmantelando las barreras que todavía persisten en la comunicación.
La proyección de ‘Sorda’ fue un evento significativo, y la presencia de Miriam Garlo en el público generó una atmósfera de reflexión. Aunque muchos espectadores, como quien escribe, no disponen de conocimientos en lengua de signos, la intención de aprendizaje compartida se hizo evidente. La experiencia surge como un llamado a la acción: aprender a signar y a comunicar de manera inclusiva, y así no solo atender a las necesidades de la comunidad sorda, sino enriquecernos como sociedad en la diversidad. De este modo, la película no solo se presenta como un relato conmovedor, sino también como un movimiento hacia el cambio cultural en la forma en que nos comunicamos y nos entendemos entre todos.










