El matrimonio entre Marité Matus y Camilo Huerta llegó a su fin tras poco más de un año de convivencia. La decisión, anunciada recientemente por la empresaria, vino cargada de serias acusaciones hacia su exesposo, ex chico del programa «Yingo». Marité, respaldada por su círculo cercano, denunció un presunto aprovechamiento económico por parte de Huerta, revelando detalles que pintan una imagen oscura de su relación. Entre quienes apoyaron su versión destacan su hermano Felipe Matus y su amiga Noa Cárdenas, quienes utilizaron sus plataformas para manifestar su descontento ante la situación, señalando que la problemática va más allá de cuestiones financieras.
Este viernes, Marité Matus decidió romper el silencio y ofreció su perspectiva sobre el fin de su matrimonio a través de las redes sociales. «Hoy elijo contar mi verdad, la mía, la que viví en silencio durante mucho tiempo», comenzó su relato. La empresaria compartió que a pesar de haber estado un año y medio casada, este período fue para ella un tiempo de intenso aprendizaje, pero también de mucho dolor. Según sus palabras, los conflictos en su matrimonio no surgieron de la noche a la mañana, sino que fueron manifestaciones de problemas acumulados a lo largo del tiempo.
En su testimonio, Matus expresó que no buscaba un compañero de vida que la mantuviera económicamente, sino más bien alguien con quien pudiera compartir sueños y crecer juntos. Sin embargo, lamentó que la relación se deteriorara, describiendo un ambiente marcado por gritos, insultos y una falta de armonía necesaria para el bienestar de sus hijos. Marité mencionó que la falta de paz afectó su salud emocional y física: «Toqué fondo, me enfermé. Perdí mi energía, la alegría, la claridad, me sentí cansada y vacía, eso no lo merezco».
La empresaria enfatizó la importancia de un matrimonio equilibrado, señalando que debe existir una contribución equitativa de ambas partes. «Para mí un matrimonio tiene que ser un 50/50. Porque el amor no es suficiente; si no hay voluntad, la relación deja de ser amorosa y se vuelve injusta», afirmó. Esta experiencia la llevó a reflexionar sobre la carga que supone sostener una relación, especialmente cuando una de las partes se esfuerza por mantenerla a flote, lo que, según ella, es agotador y perjudicial a largo plazo.
Finalmente, Matus compartió sobre lo doloroso que fue el proceso de separación, pero también lo constituyó como un acto de amor propio. «Esta separación fue, sin dudas, una de las experiencias más dolorosas de mi vida. Pero también fue el acto de amor más grande que he tenido conmigo misma. Me lo debía», declaró. En un mensaje claro a sus detractores, lanzó una reflexión sobre el juicio que frecuentemente enfrenta las mujeres en situaciones similares, instando a que en el futuro se ejerza más sororidad y empatía.










