‘Blue Beetle’, la película de superhéroes que nadie espera que triunfe

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El Escarabajo Azul no es uno de los personajes más famosos de DC y tampoco está claro que su popularidad, a diferencia de lo ocurrido con otros héroes, vaya a crecer mucho tras su adaptación cinematográfica, que se estrena hoy en cines. No necesariamente es un problema de la película: historia de orígenes más que correcta, con un sólido actor principal (Xolo Maridueña, la estrella juvenil de Cobra Kai), así como toques de Spider-Man en su dimensión familiar y vecinal o de Iron Man en características y poderes del protagonista, pero con personalidad propia. Y con gracia en el modo en el que abraza la mexicanidad del superhéroe y de su rico entorno. Blue Beetle, sin embargo, llega este viernes a las salas tras una campaña publicitaria tímida, poco propia de una producción con un presupuesto estimado en 120 millones de dólares y, definitivamente, lejos del despliegue visto hace solo dos meses con Flash, la anterior película de superhéroes estrenada por Warner.

Los lazos entre la película dirigida por el puertorriqueño Ángel Manuel Soto y el resto del universo compartido de DC no se han hecho explícitos en la promoción, y el motivo es que no están muy claros. Blue Beetle contiene referencias muy de pasada a Superman y un chiste sobre Batman, pero son los espectadores quienes, de momento, tendrán que decidir qué caras les ponen a esos superhéroes: si las de Henry Cavill y Ben Affleck, actores titulares en la cancelada saga de la Liga de la Justicia, la del Superman que se estrenará en 2025 –y que inaugurará oficialmente el nuevo universo– o la del George Clooney de Batman y Robin (1997), restituido como giro cómico en Flash. Por lo pronto, el cineasta James Gunn, jefe creativo de DC Studios desde finales de 2022, ha explicado que la película está oficialmente desconectada del resto del universo cinematográfico y que Blue Beetle es el primer personaje de la nueva serie, si bien, por confuso que pueda resultar, ello no convierte a la producción en el primer episodio de dicha saga.

Hablar de maltrato a la película puede, sin embargo, no resultar del todo correcto. El pasado verano, el estudio decidió no estrenar Batgirl, largometraje protagonizado por Leslie Grace y el oscarizado Brendan Fraser, como heroína y villano respectivamente, y que contaba con la vuelta –al igual que en Flash– de Michael Keaton como Batman. Ya estaba rodada y tenían la fecha reservada para ese mismo 2022 en HBO Max. El motivo oficial de su desaparición: un cambio de estrategia para dar más valor a la marca, con estrenos exclusivos en cines y no en streaming. Concebida también originalmente para la plataforma, Blue Beetle sí ha logrado salvarse de la quema. Pero el perfil bajo de su promoción ha molestado a algunos sectores de aficionados, especialmente entre la comunidad hispanoamericana, puesto que Jaime Reyes, el muchacho que recibe los poderes del Escarabajo Azul, es el primer héroe latino de DC. Estos seguidores han reaccionado a la falta de marketing impulsando el meme “Blue Beetle 18 de agosto solo en cines” en redes sociales para revestirla del carácter de evento que Warner no le ha dado.

Otros memes que ha generado la película van por el lado contrario, con bromas sobre el vacío generalizado en la reserva online en las salas para mofarse de la falta de interés en la millonaria producción. Se diría que todos estos precedentes forman la crónica de un fracaso anunciado, pero la imprevisible evolución cinematográfica seguida por DC invita a, mejor, pronosticar lo menos posible. La primera sorpresa es que Blue Beetle ya ha contado, a diferencia de esfuerzos anteriores del estudio, con una positiva recepción de la crítica. De tener un comportamiento digno en taquilla o que los generosos guiños a la cultura latina (como sus referencias a El Chapulín Colorado o la transformación inicial del héroe a ritmo de El rey de Vicente Fernández) terminen de convertirla en un fenómeno comunitario, no está claro que el imprevisto vaya a suponer una alegría o más bien el enésimo quebradero de cabeza para el estudio de cara al bosquejo de sus complejos planes de futuro.

Diseñar un universo
“Creo que en DC se precipitaron, no tuvieron paciencia y fueron excesivamente ambiciosos nada más empezar su universo cinematográfico”, opina, consultado por ICON, el dibujante de cómics Rodrigo Zayas. Con El hombre de acero (2013) como primera piedra, el conocido como Universo Expandido de DC echó a andar enfrentando a sus dos héroes más icónicos ya en la segunda entrega, Batman v. Superman: El amanecer de la justicia (2016). “El universo de Marvel empezó después de que en Iron Man [2008] añadiesen, casi como broma, una escena poscréditos con Samuel L. Jackson haciendo de Nick Furia para ver lo que pasaba”, continúa Zayas. “La jugada salió bien, así que siguieron creciendo. Para llegar a Vengadores: Infinity War [2018] o Endgame [2019], han recorrido un periplo de años. DC quiso llegar muy rápido al éxito de Marvel y obtener los mismos resultados en la mitad de tiempo, creyendo que, como el subgénero estaba muy asentado, podían saltarse los pasos previos. Pero los códigos narrativos, al final, son los que son. Todo tiene unos ritmos, el público espera ver una evolución de los personajes”.

Para el ilustrador, otro factor de peso en la accidentada composición del universo DC estriba en el director que llevó sus riendas durante años. “DC realizó una propuesta audiovisual y estética marcada por la personalidad de Zack Snyder [autor de El hombre de acero y Batman v. Superman], que difería muchísimo de lo que estaba haciendo Marvel”, explica. “A mí personalmente me resultaba muy interesante, pero aquello chocó con las preferencias del público que consume de forma mayoritaria este tipo de películas”. Precisamente, el decepcionante desempeño en taquilla de la segunda película ya provocó un cambio de rumbo en el mismo año 2016 con Escuadrón suicida, remontada para alejarla del tono oscuro que el director David Ayer, a priori, le había impreso. La maniobra para convertir el universo DC en algo más simpático se consumó en Liga de la Justicia (2017), película iniciada por Snyder, que abandonó el proyecto a consecuencia del suicidio de su hija, y reconstruida por Joss Whedon, precisamente el director de Los Vengadores (2012) de Marvel.

Aquel fue el punto de ruptura entre DC y el grueso de sus aficionados. Los seguidores de Zack Snyder, alguien cuyo peso comercial andaba en entredicho pero que sabía movilizar a las redes, presionaron para conseguir el estreno de un montaje de Liga de la Justicia tal y como su director original la había creado, victoria que finalmente obtuvieron, vía HBO Max, en 2021. Snyder, que incluso ganó los dos Oscar del público que la Academia inauguró (y clausuró) para su edición de 2022 mediante votaciones online, fue acusado después de utilizar bots para ejercer presión contra Warner y efectuar amenazas de boicot organizado. Entre tanto, Dwayne Johnson, sobre cuya Black Adam (2022) recaía la responsabilidad de poner orden en el universo cinematográfico de DC, contentó a esa base de aficionados mediante la incorporación sorpresa de Henry Cavill, el anterior Superman, para una escena final. De nuevo, no fue suficiente para la taquilla.

“La jerarquía de poder en DC está a punto de cambiar” fue la precipitada frase que Johnson dijo antes del estreno de aquella película. Estaba en lo cierto, solo que la persona que iba a situarse en lo alto de esa jerarquía no sería él: con el ascenso final de James Gunn, otro director de la cantera de Marvel (ha sido, entre 2014 y 2023, el responsable de la trilogía de Guardianes de la Galaxia), llegó el final del universo narrativo anterior y el anuncio de un reinicio completo, que comenzará con Superman: Legacy, firmada por él mismo, en 2025.

El siguiente problema para Warner está en los vestigios. Flash, cuyo personaje principal fue presentado en Batman v. Superman, vio unida a su tormentoso desarrollo la retahíla de escándalos de su protagonista, Ezra Miller, con un historial delictivo, de conducta violenta y acusaciones que van del robo a los abusos sexuales, pasando por la conformación de una secta. Se calcula que su fracaso este 2023 ha hecho perder 200 millones de dólares a Warner. En diciembre, tras múltiples retrasos, está previsto que llegue a cines otra producción del anterior régimen, Aquaman and The Lost Kingdom, secuela de Aquaman (2018), cuyo papel en el nuevo orden de las cosas también es, como mínimo, intrincado. En un nuevo ejercicio de equilibrismo, para evitarse la mala imagen de un estudio estrenando nuevas entregas de una serie ya cancelada, Gunn ha dicho que Aquaman 2, como Blue Beetle, es también parte del nuevo universo (aunque el inicio vaya a seguir siendo su futuro Superman). Entre tanto, con el estreno de Blue Beetle, Zack Snyder ya ha golpeado a Warner en el punto débil, su aparente falta de interés en la comunidad latina, tras anunciar en Twitter que iría con sus hijos a verla junto al hashtag #RepresentationMatters (la representación importa).