María Velasco ha irrumpido en el escenario teatral con una obra que desafía convenciones y revive el romanticismo en tiempos de desamor. Su nueva pieza, *Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos*, que estará en el Nave 10 de Matadero, Madrid, hasta el 11 de mayo, es un testimonio de su valentía como dramaturga, al relatar una historia de amor romántico desde la perspectiva de alguien que ha enfrentado sus propios demonios. Con este trabajo, Velasco, premiada con el Premio Nacional de Literatura Dramática, explora la capacidad de enamorarse en la madurez y se permite explorar lo que le han dicho que no debe hacer, desde sentir a tener un enfoque ritualista en la puesta en escena.
La obra comienza de manera audaz, desafiando las reglas del teatro contemporáneo al abrir con una poderosa interpretación del *Space Oddity* de David Bowie. Este arranque musical, que se extiende por más de cinco minutos, actúa como un grito de libertad, invitando al público a revisar sus propios sentimientos reprimidos. La elección de esta melodía icónica no es casual; es una invitación a revivir pasiones y pensamientos que, a menudo, se han sido censurados por la rutina y el desencanto de la vida moderna. A través de esta metáfora, Velasco pone en primer plano uno de los elementos centrales de su obra: la capacidad de sentir, amar y disfrutar de cada momento.
Velasco se enfrenta no solo a sus contemporáneos, sino también a ella misma, planteando una crítica potente a su generación. Criada entre la generación Y y la X, se refiere al desamor como un fenómeno que ha marcado el germen de su época. Con *Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos*, la autora se cuestiona cuántas de las decisiones que creemos tomadas por voluntad propia son simplemente un producto de las tendencias sociales actuales. Se establece así un diálogo sobre las expectativas impuestas y el verdadero deseo, buscando romper con el estigmatizado concepto de desamor que ha impregnado su generación.
La transformación de la obra a lo largo de sus actos es palpable; inicia como un monólogo íntimo, pero rápidamente evoluciona hacia un collage escénico que abarca diferentes géneros y formatos. Esta fusión de amor y ciencia ficción se convierte en un espacio liberador, donde términos como ‘ovni’ o ‘abducción’ son utilizados para hablar del enamoramiento. Sabias deconstrucciones como las de los personajes permiten que el texto crítico y mordaz de Velasco brille aún más, convirtiendo su prosa en un arma cargada de ironía y reflexión sobre las realidades modernas en la relación entre hombres y mujeres.
Acompañada de dos talentosos artistas, Maricel Álvarez y Carlos Beluga, la puesta en escena se enriquece con una energía vibrante que desafía cualquier etiqueta. Álvarez, como alter ego de Velasco, y Beluga, que deslumbra con su multifacética actuación, permiten que la obra transite entre el clásico y lo contemporáneo, entre lo serio y lo lúdico. Con esta obra, Velasco no solo busca cuestionar la rigidez de las convenciones teatrales, sino que también defiende el amor y lo ‘cursi’ como formas válidas de expresión artística. Así, con cada línea cargada de crítica social, nos recuerda que la búsqueda del amor sigue siendo un tema vital en nuestras vidas, transformándolo en un acto de resistencia frente a un mundo que cada vez parece más deshumanizado.










