La novela «Por voluntad propia» de Mathilde Forget aborda la complejidad emocional y social que rodea a las víctimas de violaciones. Comenzando con la frase «Érase una vez», la autora transforma lo que podrían ser cuentos infantiles en una cruda realidad, donde la culpa y la vergüenza ofrecen un vistazo a la lucha interna de la protagonista. En una sociedad que criticaría a la víctima antes que al agresor, Forget enmarca su historia en una crítica hacia un sistema judicial que perpetúa el sufrimiento y el aislamiento de quienes han padecido violencia sexual. Este enfoque no solo humaniza a la víctima, sino que también pone de manifiesto la falta de empatía de muchos, que no comprenden el impacto devastador de tales experiencias.
A través de su narrativa, Forget pone de relieve cómo la memoria corporal puede ser crucial y traicionera en el proceso de recuperación. Cada noche, la protagonista revive los momentos previos a la violación, recordando cómo el dolor físico y emocional se entrelazan en su realidad. La autora enfatiza que no debería existir ninguna sospecha hacia la víctima, argumentando que la atención debe centrarse en romper la dominación masculina que permite actos de violación. Este enfoque obliga a la sociedad a cuestionar sus propias complicidades y a reflexionar sobre la necesidad de un cambio profundo en las dinámicas de género.
Mathilde Forget también explora el tema de la culpa y la manera en que las víctimas son llevadas a cargar con un peso que no les corresponde. En su relato, se destaca el contraste entre la autocrítica y el apoyo que pueden ofrecerse entre víctimas. Olvidar las agresiones que han sufrido en un contexto de fiesta se convierte en una especie de condena social, donde las víctimas deben demostrar su inocencia en lugar de los agresores su culpabilidad. En este sentido, Forget sugiere que la solidaridad y el apoyo entre mujeres pueden ser poderosos antídotos contra la culpa y la incomprensión.
Frente a la ola de denuncias y relatos valientes que están surgiendo en la actualidad, también han aumentado las voces críticas y hostiles. Forget ha observado un regreso de la retórica reaccionaria que busca deslegitimar las experiencias de quienes alzan la voz. Sin embargo, la autora interpreta esta resistencia como una señal de que el movimiento está ganando terreno. Este fenómeno se asemeja a otras luchas sociales donde la oposición a la justicia solo indica el impacto que estas iniciativas están teniendo, lo que motiva a seguir adelante con la lucha por la igualdad y el respeto.
Finalmente, en un llamado a la unión y la resiliencia, Forget subraya que la lucha por los derechos de las mujeres y contra la violencia sexual debe integrar a todas. El impacto del movimiento #MeToo ha sido crucial, no solo para que las mujeres se sientan fortalecidas al compartir sus historias, sino también para que la sociedad entera reflexione sobre su papel en perpetuar y combatir la violencia de género. En «Por voluntad propia», Mathilde Forget no solo cuenta una historia que necesita ser escuchada, sino que también convoca a un cambio cultural esencial para erradicar la violencia y fomentar la equidad.










