El informe «Después del silencio», elaborado por la asociación de cineastas CIMA, surge como respuesta a la alarmante situación de las violencias sexuales que persisten en el cine español. A través de un análisis exhaustivo y una mirada crítica y feminista, las autoras han recogido testimonios que, lejos de ser meras anécdotas individuales, funcionan como radiografías de un sistema que perpetúa el miedo, la impunidad y la violencia. Este documento marca un hito en la discusión sobre el acoso y la agresión en la industria audiovisual, desafiando las narrativas simplistas que han intentado minimizar estos actos a casos aislados.
Una de las preocupaciones centrales del informe es la tendencia de ciertos medios de comunicación a trivializar estas violencias, despojándolas de su peso político y social. El riesgo de convertir el sufrimiento de las víctimas en un espectáculo es inminente, lo que no solo despolitiza el tema, sino que también reafirma las estructuras masculinas de poder que permiten que estas violencias continúen. El desafío radica en que la sociedad comprenda que estas agresiones no son un fenómeno superficial, sino parte de una cultura profundamente arraigada en el patriarcado que domina la vida laboral en la industria del cine.
El informe revela que las dinámicas de poder nefastas que facilitan las violencias sexuales están más integradas de lo que se pensaba en todos los niveles del sector audiovisual, desde las escuelas de cine hasta los rodajes y festivales. Las prácticas de consentimiento se diluyen, y la falta de protocolos adecuados para manejar situaciones de intimidad pone en riesgo la integridad de todas las personas involucradas. Las mujeres son frecuentemente silenciadas, enfrentándose a un sistema en el que sus denuncias pueden suponer la ruina de sus carreras. Esto subraya la necesidad urgente de construir estructuras de protección para las profesionales del cine.
A lo largo del informe, se evidencia la violencia social que rodea a las víctimas de agresiones sexuales en el entorno cinematográfico. La presión que sienten para no hablar, el temor a ser descreditadas o a ser objeto de la llamada «cultura de la cancelación» se convierte en un mecanismo de control que perpetúa el silencio y la exclusión. Este ciclo vicioso no solo afecta a las mujeres que viven estas experiencias de violencia, sino que también impide el avance de la industria y la creación de una cultura cinematográfica más inclusiva y representativa.
Finalmente, «Después del silencio» no solo diagnostica una realidad dolorosa, sino que también ofrece recomendaciones claras y urgentes para que el Estado y las instituciones pertinentes actúen de inmediato en la defensa de los derechos de las profesionales del cine. Es imperativo que se implementen leyes de protección efectivas y que se garanticen recursos adecuados para las víctimas. La inacción o la falta de atención a estas demandas solo perpetuará un ciclo de violencia y desprotección que tiene que ser desmantelado. El informe convoca a una transformación colectiva en la que el testimonio y la resistencia de las mujeres en el sector audiovisual sean visibilizados y respetados.










